
Lo dejé todo por el sueño mochilero
Tras la pandemia, cansado de vivir para cuatro días de vacaciones al año y alguna escapada de fin de semana, tomé la decisión: dejarlo todo y cumplir mi gran sueño. Ser mochilero con todas las letras. La aventura arrancó en Centroamérica, entre volcanes, lagos y cascadas como esta de Ometepe.

Más de un año por medio mundo
De Centroamérica hasta Asia, tirando de mochila, hostels y de la gente que se cruzaba en el camino. Aquella etapa la documenté en Instagram como @viajaraleste: desiertos, templos, fronteras y mil historias que hoy son parte del ADN de Comboi.

Volví a casa a dedo, con 10 € al día
Cuando se me acabó el dinero, no se me ocurrió otra cosa que volver a casa haciendo autostop desde la India hasta Valencia, con un presupuesto de 10 € al día. Semanas de carreteras, camiones y desconocidos que se convirtieron en una de las grandes experiencias vitales de mi vida. Aquí, en algún punto de Turquía, con el cartel de siempre: SPAIN.

De mochilero a guía turístico
Venía del mundo del marketing y la publicidad, pero aquí di mi primer paso como guía. A partir de ahí me pasé cuatro años trabajando como guía por Europa. Aprendí muchísimo del oficio… y también que quería hacer viajes distintos a los que me tocaba llevar.

Nace Comboi (y el pulpo rojo)
Harto de trabajar para otros llevando viajes que no me gustaban, me lancé a montar mi propia marca: Comboi Travel. Viajes con mi manera de entender la carretera. Y con mi seña de identidad: un peluche de pulpo rojo, cargado de significados y que ha visto mucho mundo. En mis grupos, la norma es sencilla: todos siguen al pulpo rojo.
